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Ferro ... corazón a corazón
34° Feria Internacional del Libro de Buenos Aires
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Artista
Ferro, Eduardo (Yayo)
 
Ferro ... corazón a corazón

34ª Feria Internacional del Libro de Buenos Aires
del 22 de abril hasta el 12 de mayo de 2008
La Rural - Predio Ferial de Buenos Aires

 

Podría decir que conocí realmente a mi Viejo cuando él revolvía las fotografías que guardaba en sus cajones. Solía buscar frecuentemente allí con el fin de ilustrar notas o publicaciones. Era tal el Universo que se abría sobre la mesa, los sillones y hasta la alfombra, que él mismo reconocía al final haber sucumbido nuevamente a la lógica del reloj. ¡Qué bueno poder decir que aún lo sigue haciendo, con la misma pasión!
El progenitor de todos los días que sermoneaba sobre ética no era el mismo que aparecía de pronto en el archivo sorprendente de fotos y publicaciones. ¿Podía ser que yo tuviera un padre famoso, chispeante, imprevisible, aplaudido y reconocido a cada trazo?
Sus años de periodista mutaron cierta vez hacia el dibujo y el humor gráfico, sin que se  supiera jamás el momento exacto y la esquina donde su piel inicial quedó enganchada.
Cuando cuenta como una enciclopedia viviente las anécdotas, hechos, verdades y consecuencias de los 90 que lleva en el camino, subraya celosamente que quiere ser veraz y agradecido.
Fue un privilegio vivir y crecer junto a él.
Creo que sobre todas las cosas nació maestro.
Sus ideas se concretaron en las historietas a través de personajes creíbles, nacidos de la  autenticidad argentina, que permitieron al lector disfrutar las tramas e identificarse con los desenlaces absolutamente propios.
¿Quién no tiene algo de Bólido, el pibe tardío para caer en la cuenta?
¿Acaso no navegamos todos por una deseada independencia como pregona Langostino asegurando que ese es el secreto de una vida auténtica, poética y feliz?
¿Quién arrojaría la primera piedra contra Pandora, prostituta del Riachuelo, sabiendo que hasta el último peso lo dedicará a ayudar al que no tiene?
Y así con Cara de Ángel, con Chapaleo, con Tara Service, por nombrar sólo algunos.
Me ha confesado últimamente que lo asustan un poco los homenajes.
Entonces le pregunto: “¿Cuántos homenajes venís rindiéndole a todos los que admiraste durante tu vida?  ¿Podrías haberlos omitido?”
Arquea las cejas y hace un gesto como si eso fuera harina de otro costal. Y le recuerdo:
-“Rendir homenaje a alguien que se aprecia y se reconoce es un placer al que todos tenemos derecho. Aceptá, Papi, que estás en el capítulo de recibirlos.”
Sonríe, y enseguida me muestra las páginas de humor de los periódicos del día.
-“¿Leíste los chistes de hoy?... ¡Hay unos pibes nuevos fabulosos!”

Pichi Ferro, con agradecimiento y amor a Papá

 

A través de mi amistad con Kuki Blotta, a partir de los años 59-60, conocí a varios amigos y compañeros de trabajo de su padre, el “viejo” Blotta, a quien yo también quise como a un padre. De éstos, al que traté más seguido y admiré profundamente fue a Eduardo Ferro, alias Ferrito. Sabía de su trayectoria porque de chico fui lector inclaudicable de Patoruzú y Patoruzito.
Estando un día con el “viejo” Blotta en su estudio, llegó Ferrito, que traía chistes para una “doble” (doble página con un tema central). Eran bocetos a lápiz con los textos. Blotta los pasaba a tinta sobre el plantado porque eran perfectos en su hechura y en su humor.
Fue así que la amistad con los Blotta me posibilitó otra con Ferrito. Estuve en festejos, cumples, despedidas de soltero, chupis y morfis, en los que había que seguir a Ferrito, capaz de competir con los más jóvenes en las más arriesgadas jodas.
Cuento estas intimidades convencido de que son una buena forma de ayudar a conocerlo, a develar su personalidad creadora, vital y dinámica. Porque hay que saber que Ferrito no fue sólo un dibujante que creó todo un estilo –además de personajes inolvidables como Langostino, Bólido, Chapaleo, Tara Service, Pandora, etc.– sino también el motor con que se movía la redacción de Patoruzú y su Libro de Oro.
Pasados los noventa de edad, sigue dibujando y creando. Tiene proyectos en realización para distintos medios y una curiosa forma de escribir cartas ilustradas a gente amiga, sorprendentes cartas con las que se podría hacer un libro maravilloso.

Andrés Cascioli
Abril de 2008

 

 
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